fanzine nº 16: maravillosidad
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Hay que estar atenta.
Está cerca, rondándome, pero no es evidente ni salta a la vista.
Es huidiza y caprichosa.
Tienes que aprender a sortear lo que carece de interés, pasar de largo y
afianzar la negativa. Pero también saber cuándo decir sí, identificar
correctamente la sensación, fallar a veces, desilusionarte otras, y volver a
empezar. Se muestra esquiva, retadora, y agotadora en su afán de hacerse la
interesante.
Mira, shhhh, escucha, quieta. Un minuto, diez, una hora. Disfruta.
De tanto en tanto aparece un atisbo de haber conseguido la fórmula y te
sonríes satisfecha. Crees haber dado con la tecla por fin, estaba tan cerca, tan
al alcance de la mano. Y funciona. Y el deleite es descomunal, sobre todo
cuando es inversamente proporcional al nimio detalle que lo ha producido.
Y piensas en lo fácil que era, y en lo torpe que has sido en tu ceguera y el
tiempo que has perdido. Pero al mínimo tropiezo flaqueas víctima de
distracciones vacías y se vuelve a esfumar como una rata miserable.
Vuelta a la planicie y al secarral. A ver si vuelve. A ver si no pasa mucho
tiempo. A ver si la reconozco.
Venga, estoy receptiva, ven. Veeenga, veeennnn.
Te conozco. Sé que estás ahí, sé que hay una puta maravilla agazapada en
cada esquina.